Extraño lo de antes.
Añoro esas cartas de amor, las que tanto esperábamos y que solían demorarse, aquellas que nos tenían despiertos cada noche por la intriga de la respuesta. Pero la llegada de la carta valía la pena cada insomnio. Ahora, en cambio, ya no hay cartas de amor ni insomnio que valga la pena.
Echo de menos las canciones que solíamos dedicarnos, aquellas melodías que penetraban en el corazón y te hacían sentir exactamente lo que el otro quería transmitir. Hoy en día, ninguna canción parece ser lo suficientemente especial para ser dedicada.
Recuerdo con nostalgia las citas, cuando los nervios estaban a flor de piel y cada minuto se preparaba con sumo cuidado. En esos momentos, la timidez era el plato principal, pero la confianza y la diversión eran el postre. Cuando nos mirábamos a los ojos deseando que llegara la próxima vez. Ahora, lamentablemente, ya no son citas; no hay confianza ni timidez, y no hay una próxima vez.
Añoro las declaraciones de amor que tomaban por sorpresa. Aquellos momentos en los que, finalmente, podías estar con quien amas. Cuando podían gritar a los cuatro vientos que son pareja, sin traiciones ni juegos, sin el término "amigos con derecho". Tiempos en los que nada se reducía a una sola noche. Realmente, extraño esos tiempos.
Sí, extraño el amor a la antigua.
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