miércoles, 28 de agosto de 2019

Querido papá (Carta al hombre que me abandono)

Querido papá:

¿Cómo estás? Supongo que ya sabes quién soy, ¿no?

Soy aquella niña que abandonaste cuando apenas supiste de su existencia, parte de la mujer a la que hiciste sufrir al marcharte. ¿Ya lo recuerdas?

Soy tu hija.

Aunque no quiera admitirlo, lo soy. Hasta me parezco a ti en ciertos aspectos. Tengo tu nariz, mi cabello es casi igual al tuyo, e incluso mis ojos son tuyos. O eso es lo que mamá me ha dicho.

Pero no te confundas, no es que por tener tu sangre sea automáticamente tu hija. ¿Conoces aquella frase que dice: "Padre no es el que engendra, sino el que cría"?

Para ponerte al tanto, mamá encontró a un hombre que la ama a pesar de todo. Ese hombre sí es mi padre, porque desde que llegó a mi vida se comportó como un verdadero papá. Estuvo presente en mis primeros logros y fracasos, me apoyó en mis sueños y me ayudó a cumplir mis metas. Me dio un fuerte abrazo cuando ya no podía más. Él es mi papá.

No negaré que al principio te extrañé. Tengo hermanos, y al mirarlos sentía algo de envidia porque su padre nunca los abandonó, nunca los rechazó al enterarse de su existencia. Siempre los amó desde el principio.

Pero gracias a él, me di cuenta de que no necesito a una persona que comparta mi sangre para ser feliz.

Te escribo esto para aclararte que no te necesito. No te necesité durante quince años, lo estoy haciendo ahora que sé la verdad.

Para terminar, no te guardo odio ni rencor por el rechazo. Aunque suene estúpido, te doy las gracias, porque cuando te fuiste, me diste a un verdadero padre. Gracias a tu rechazo, pude encontrar un amor auténtico.

Gracias, papá.

viernes, 23 de agosto de 2019

Amor a la antigua

Extraño lo de antes.

Añoro esas cartas de amor, las que tanto esperábamos y que solían demorarse, aquellas que nos tenían despiertos cada noche por la intriga de la respuesta. Pero la llegada de la carta valía la pena cada insomnio. Ahora, en cambio, ya no hay cartas de amor ni insomnio que valga la pena.

Echo de menos las canciones que solíamos dedicarnos, aquellas melodías que penetraban en el corazón y te hacían sentir exactamente lo que el otro quería transmitir. Hoy en día, ninguna canción parece ser lo suficientemente especial para ser dedicada.

Recuerdo con nostalgia las citas, cuando los nervios estaban a flor de piel y cada minuto se preparaba con sumo cuidado. En esos momentos, la timidez era el plato principal, pero la confianza y la diversión eran el postre. Cuando nos mirábamos a los ojos deseando que llegara la próxima vez. Ahora, lamentablemente, ya no son citas; no hay confianza ni timidez, y no hay una próxima vez.

Añoro las declaraciones de amor que tomaban por sorpresa. Aquellos momentos en los que, finalmente, podías estar con quien amas. Cuando podían gritar a los cuatro vientos que son pareja, sin traiciones ni juegos, sin el término "amigos con derecho". Tiempos en los que nada se reducía a una sola noche. Realmente, extraño esos tiempos.

Sí, extraño el amor a la antigua.